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Fandom: Daemongelus (Original)
Claim: Estella/Natalie/Zaira
Prompt: Savia
Reto: Rompamos el cannon.
Comunidad[info]mision_insana y [info]crack_and_roll
Advertencias: lime y femslash.
Tabla: líquidos
Notas: está sin betear, so... *rollingeyes*



Natalie era incapaz de comprender nada. Y sin embargo, era capaz de sentirlo todo.

Sentía la figura alta y estilizada de Estella frente a sí, tan cerca que no concebía una sola porción de su piel que no estuviera en contacto con la de la mujer. Sentía el roce de su aliento en las mejillas, en el cuello y sobre los labios cada vez que ella los separaba para respirar sobre su piel. E incluso sentía en el dorso de la mano el tacto rugoso y frío de la corteza y savia del árbol contra el que Estella le tenía presas las muñecas y, a decir verdad, todo el cuerpo y la espalda.   

¿Cómo habían llegado a esa situación? Ni ella lo sabía. No conseguía recordarlo. Era todo terriblemente confuso.

─Este…lla…

Estella descendió su cálida respiración por su cuello, depositando pequeños besos por allí donde pasaba. Luego una de sus manos dejó de sujetarla contra el árbol para pasar al cuello de su camisa y desabrocharle delicadamente un botón. El primero.

Natalie alzó la mirada al cielo, nublada por el placer. La iluminación dorada del sol en el firmamento la cegó. Y ese mismo color dorado le trajo los recuerdos demasiado recientes de una larga cabellera ondulada del mismo color. Una cabellera que pertenecía a una persona que… Estella…

Zaira.

Los labios de la mujer descendieron por su pecho, pacientes pero llenos de fuego.

Estella, detente.

Cerró las manos ligeramente en puños y trató de apartarlas del agarre de Estella. El intento le pareció patético incluso a ella.

No le hagas esto…  

─Estella…

Ella te ama.

 

***

 

No era un secreto para nadie que Estella estaba enamorada de la que en algún momento fue su protegida, Zaira. A decir verdad, la mayoría que conocían a ambas no podían concebir otra posibilidad que no fuera la de ellas dos juntas. En especial, Natalie no podía concebirla.

Y es que las había visto. La primera noche, medio escondida tras la puerta de la sala de aislamiento, había visto como las largas y delgadas manos de Estella acunaban el rostro de Zaira lo llenaban de besos; como Zaira, esa niña apática y siempre inexpresiva, de pronto parecía recobrar una mínima partícula de vida ante esos roces. Y pese a que era incapaz de articular palabras, sí que la había oído jadear dulcemente aquella noche, cuando Estella la tumbó en el suelo y le recorrió el cuerpo con las manos como si estuviera acariciando la piel de una diosa.

Lo había visto todo. Aún hoy se avergonzaba de haber sido tan entrometida. Pero si algo recordaba, era que había abandonado el sótano con una tenue sonrisa en los labios; era hermoso ver tanta devoción en los ojos de Estella, al menos por unos minutos. Esa falta de ánimos en que siempre parecía sumida siempre le había resultado un mal presagio.

Y sin embargo, un día Estella dejó de frecuentar la sala de aislamiento. Fue un cambio radical del día a la mañana; la última vez que abandonó el lugar donde estaba recluida Zaira lo hizo con los ojos caídos y los labios fruncidos en una fina línea. No era necesario ser muy listo para darse cuenta que algo había pasado entre ellas.

─Mikael, anula mi autorización de entrada aquí a partir de ahora.

─Estella… ¿estás segura? Sin autorización no podrás volver a ver a Zaira.

─Simplemente hazlo.

No pasaron muchas horas antes de que Natalie se enterase de la noticia. Le sentó como un balde de agua fría en la piel. ¿Estella, Zaira… separadas? No podía imaginarlo. No podía imaginarlas por separado. Era como separar dos piezas de puzzle y esperar que se conservase la imagen completa la imagen que conformaban.

Nada más oírlo de los labios de Alexis, había abandonado el lugar para dirigirse al bosque que mantenía oculta la sala de aislamiento. Se abrigó con una cazadora, tomó el primer bus hacia la colina (y se maldijo por enésima ver su torpeza al no poder sacarse el carnet de conducir) y, una vez estuvo a la entrada del bosque, echó a correr hacia el interior. Tenía que encontrar a Zaira. O a Estella. Y preguntar a cualquiera de las dos el motivo de tan abrupta separación.

Y realmente llegó a encontrar a una de ellas.

 

* * *

 

─Natalie…

Había tratado de retroceder los primeros segundos que Estella casi había aparecido de la nada y, enigmática, había caminado lentamente hacia ella pronunciando su nombre. Había tratado de mitigar su nerviosismo soltando una avalancha de preguntas, de palabras y miradas confundas que la mujer ignoró por completo. Y finalmente, ahí se había encontrado. Atrapada por ella. Seducida por ella.

─Todo este tiempo… todas las veces que he buscado tu mirada y tú la tenías fija en Alexis… incluso cuando buscaba tus labios y tú parloteabas sin cesar… ─Estella descendió la nariz por su cuello, aspirando el aroma floral que desprendía su piel─. Todas estas veces me has hecho perder el tiempo con tus evasivas ─sus ojos, de pronto de una fiera determinación, se clavaron en los nublados de Natalie─. Pero ahora que te tengo no pienso dejarte escapar.

Y dicho eso prosiguió en aquellos roces lentos. Natalie, en un momento dado, sintió que la blusa finalmente se deslizaba por su torso para ir a caer a sus pies con la sutileza de una pluma. Sintió un fugaz relámpago de frío y trató de cubrirse el pecho. Estella lo solucionó sujetándole aún las manos y apegándose a ella.

No supo exactamente cómo, pero de algún modo la pequeña por fin consiguió articular las palabras:

─Zaira…

Estella se detuvo en seco y Natalie pudo sentir una leve presión en sus muñecas. Se había puesto en guardia al escuchar el nombre, tal y como temía.

─Estella… Zaira te ama… no le hagas est-…

─¿Aún no lo entiendes? ─Estella separó el rostro de su pecho y la miró directamente, resuelta. Natalie sólo tenía una inocente expresión de confusión─. Yo te quiero a ti.

Fue en ese momento que Natalie tuvo la certeza de que su corazón se había detenido. Tuvo que acordarse de respirar, y para entonces lo hizo en un jadeo cuando Estella besó su vientre.

─Quiero tus labios. Tu cuerpo. Tu alma. Tus ojos, tan expresivos y tan distintos a los de Zaira. No necesito nada más.

Natalie cerró los ojos y se obligó a sí misma a no pensar en nada. Ya se daría tiempo luego para que la culpabilidad de haber roto la relación de esas dos personas la quemase como fuego por dentro. Luego, luego… ahora sólo era capaz de sentir.

Sentir a Estella.