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Fandom: Daemongelus (Original)
Claim: Alexis/Natalie
Prompt: Ácido
Comunidad: [info]mision_insana
Advertencias: angst.
Tabla: líquidos.

Sumary: Alexis nunca pensó que Natalie, su Natalie, se impondría. Pero lo hizo. Eventualmente.



Natalie desciende la mano hacia el pomo de la puerta. Son apenas unos segundos congelados en el tiempo, pero piensa muchas cosas en ellos. Piensa en Alexis. En lo suyo, si es que realmente existe algo entre ellos. En la última discusión, en el nudo en la garganta y el picor ácido en los ojos anunciando lágrimas que no han llegado a caer (ni en su momento, ni ahora). Durante unos segundos, revive todo eso como si su cuerpo le jugase un mal trago volviendo al pasado y experimentando los mismos angustiantes síntomas. Pero traga saliva una vez más y sepulta todo aquello en un lugar que ni ella conoce. Finalmente, gira el pomo y abre la puerta del dormitorio de Alexis.

La luz está apagada, pero Natalie sabe que Alexis no está durmiendo. No aún. Y pese a que está de espaldas a ella, cubierto hasta la cintura con una sábana negra, casi le parece atisbar sus labios fruncidos en una fina línea.

Está entrando en territorio enemigo. Y ambos lo saben.

─Vete a dormir, Natalie.

Natalie no obedecer, permaneciendo plantada en el umbral de la puerta. Ni tampoco parece reaccionar. Sus ojos inexpresivos miran sin ver aquella silueta masculina, recorren cada una de las cicatrices que le cubren la piel áspera y morena de la espalda. Y de pronto se siente terriblemente mal. Como si tuviera aceite hirviendo en el vientre, en la garganta, en los ojos, quemándole por todos lados. Sí...

El suelo parece temblar bajo sus pies cuando avanza hacia la cama y, torpemente, sube sobre el colchón a cuatro patas para avanzar poco a poco hacia donde él se encuentra. Débilmente. Como en agónico trance.

─Natalie… ─hay advertencia en la voz de Alexis.

Pero ese no es su Alexis. Y no tiene por qué obedecerle. Ya no.

La certeza de ese pensamiento transforma la agonía en furia, y la furia muta en un estado de necesidad de contacto desenfrenada que cualquier simplista llamaría pasión. Su cuerpo se mueve incluso antes de que ella pueda controlarlo.

─¡Nat-…!

Alexis enmudece. Por primera vez en su vida. Y es que el súbito contacto de las manitas de Natalie en sus muñecas como patéticas y temblorosas esposas era algo que no se esperaba. Al igual que el súbito beso con que ella a acallado la protesta.

No son labios exigentes, sino todo lo contrario. Los labios de Natalie siempre han sido tiernos, labios blandos y cálidos… labios a los que les queda grande ese intento de imponer una orden. Pero aún y así, Alexis obedece y la deja hacer.

─Cállate. Calla ahora… por favor ─susurra ella.

Las manos se desplazan de las muñecas al rostro de Alexis. Se posan suavemente en sus mejillas, alzándole el rostro para acercarlo al de Natalie. Él casi ni se sorprende de sentir en la piel el contacto de algo húmedo cerca de los ojos.

─Ale…xis…

Alexis cierra una mano apretando en un puño las sábanas bajo sus dedos. Pero ese día, por primera vez, no rechista cuando es alguien otro, quien toma el control. Porque sabe que, para que Natalie haya llegado a esos extremos, la situación está realmente cayéndose en pedazos.

No quiere que eso suceda. Pero, al igual que sus manos son demasiado toscas y ásperas como intentar arreglar cualquier cosa sin romperla más… las de Natalie no.